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Viernes, 9 septiembre 2016

El violín Consonante

Cada tanto, en algún lugar del planeta, nace un privilegiado. Un bendecido. A obra y gracia del milagro se puede atribuir la apari- ción de esas “rara avis” de la música en cuyo grupo se encuentran nombres que van desde Paganini hasta Glenn Gould.
 
La existencia de un virtuoso como Alexis Cárdenas, en cambio, es poco menos que un milagro. Más bien obedece, si se quiere, a un milagro colectivo, una conjunción de particularidades presentes en el desarrollo musical de su natal Venezuela. Por una parte, el joven violinista nació a la música de manera paralela a las primeras generaciones beneficiarias del popular Sistema de Orquestas de su país, proyecto educativo que ha visto el crecimiento de una camada de colegas compatriotas que incluye los nombres de Gustavo Dudamel, Aquiles Machado y Gabriela Montero.
 
Por otro lado, pese a las decenas de credenciales y experiencias que le ha dejado la ejecución de la música académica en Europa, donde reside, Cárdenas ha preferido ahondar en el desarrollo de la música de su país, en consonancia con las labores efectuadas por años a partir de la llamada Onda Nueva de Aldemaro Ro m e ro y F ra n k “ Pavo ” Hernández, y que tendría continuidad en nombres como los de Cheo Hurtado, Aquiles Báez y Huáscar Barradas.
 
Como todo aprendiz de un instrumento vital en las formaciones de carácter sinfónico, Cárdenas llegó a la música por medio del re- pertorio clásico. Cómodamente hubiera podido forjar una carrera en esos terrenos, pero la distancia (estudió becado desde temprano en Nueva York y París) y la añoranza de la música de su terruño lo condujeron por la vía de lo popu- lar. Todavía recuerda su participa- ción en el célebre concurso Jack Tibeau, en el que por solicitud del jurado, que obligaba a incluir en el repertorio música del lugar de na- cimiento de cada concursante, terminó improvisando un pajarillo tradicional, golpe recio de rit- mo trepidante que cambió el tono solemne del asunto. “La sala se vi- no abajo –recordaba Cárdenas en una entrevista–. El impacto que tuvo el género venezolano en el público parisino fue único, enten- diendo ese día que la mejor mane- ra de llegar a ese auditorio es con la música venezolana”.?Antes de ello, el músico tomó clases privadas con José Luis Balda en su natal Maracaibo y ya a sus 12 años estaba en capacidad de debutar con el Concierto de Men- delsohn con la Sinfónica de su ciudad. A sus 17, después de conti- nuar su perfeccionamiento en la Julliard School of Music de Nue-va York, llegó a ser el concertino de la Orquesta Filarmónica Nacional de su país y gracias a una beca del Mozarteum Venezuela pudo tomar clases con Olivier Charlier, Jean-Jacques Kanto- row y Roland Dugareuil en París.
 
Pero había otros repertorios estimulantes por verificar. Así surgieron las inquietudes desarrolladas desde su Cuarteto y desde su grupo Recoveco en torno a los sonidos del tango, la música del Brasil, el son cubano y nuestra música andina. De hecho, el octogenario compositor antioqueño León Cardona ha dicho en diferentes oportunidades que la versión que más le gusta de su tema Bambuquísimo es la que grabó Recoveco, agrupación que Cárdenas conformó con músicos venezolanos y colombianos en París.
 
Como si ambos universos, el lo- cal y el centro europeo, le resultaran aún pequeños, la exploración más importante para este joven virtuoso ha sido justamente la de la música latinoamericana en general. De alguna manera eso lo desmarcó del resto de los alum- nos del Conservatorio Nacional de Música y Danza de París, don- de realizó estudios luego de su paso por Julliard. “Descubrí la improvisación en la música latina y eso me ha hecho diferente en mi área, donde cada año emergen 60 mil talentos que saben interpre- tar el clásico y lo tradicional”, comentó el artista en una entrevista en 2009. “El sonido de un pajarillo o de un tango,un vals o un me- rengue trae un toque distintivo en las cuerdas del violín”.
 
Sin duda alguna el regreso de Alexis Cárdenas al escenario del Cartagena Festival Internacional de Música en su décima edición (ya había estado en 2012) habla bien de la cada vez menos sinuosa frontera que otros imponen para separar lo académico de lo popular. Es el norte ha- cia el que va la música, y se en- tiende así una de las frases de batalla del intérprete cuando dice: “el violín es mi brújula”.
 
El Pentagrama de El Espectador
* Jefe musical de Radio Nacional de Colombia.

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