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Viernes, 9 septiembre 2016

En busca de la voz del chelo

Suele ser difícil señalar cuál es la cumbre de la experiencia, cuándo se es un maestro, dueño de una sabiduría superior. El punto máximo de la carrera hacia la perfección es un asunto esquivo cuando menos, ilusorio para algunos, imposible para otros. Pero el pasaje hacia la cima, bueno, esa es otra historia.
 
En la ruta van quedando las migajas de pequeños triunfos, de batallas ganadas y perdidas: igual, siempre queda el rastro, como si se tratara de una reencarnación de la clásica figura de Hansel y Gretel. Y en el camino de Inbal Segev claramente está la grabación de las suites completas de Bach para chelo. Un proyecto que vio la luz a finales de 2015 (bajo la forma de disco y documental), después de por lo menos 20 años de trabajo mental alrededor de algo que la chelista ha llamado "el Everest de Bach". Una cumbre propia para conquistar. Una más.

Como casi todo en la vida, el hermano más cercano del éxito es la derrota y, de cierta forma, uno entraña una parte del otro. Para coronar Bach, Segev tuvo que deshacerse de sus propios prejuicios y suposiciones antes de entrar al reino de una partitura con 300 años de existencia, que cuenta con muy pocas anotaciones sobre su ritmo y fuerza de interpretación. O sea, una música simple y a la vez compleja que existe prácticamente tan sólo en las páginas. Lo que esto quiere decir es que los vacíos que ha dejado la falta de indicaciones y anotaciones deben ser llenados con la intención de cada intérprete. El todo de la composición sólo se completa con la voz del solista. Segev hizo un primer intento con las suites completas y desistió cuando su ingeniero de sonido le informó que el resultado no era el óptimo. No se trataba de fallas técnicas, de faltas de aprendizaje o práctica. Era algo más etéreo, acaso inasible, pero no por eso menos importante.
 
Él sentía que había un conflicto en ella y que por eso su voz no se proyectaba en la grabación. Meses después del episodio, con el disco publicado y con críticas favorables, Segev admite que el episodio aún es capaz de arrancarle algunas lágrimas. "Después de tanto tiempo de preparación sólo para esa grabación, aún no estaba lista".Con casi dos horas de reproducción y 36 piezas en su haber, la composición de Bach representa una de las obras más desafiantes para un chelista, precisamente por la ausencia de grabaciones originales o de información de primeras fuentes sobre la aproximación correcta hacia las notas. Segev, quien comenzó a tocar el chelo a los cinco años, se encontró de repente en una búsqueda de su propia voz después de toda una carrera de práctica y entrenamiento. Luego de detener el proyecto por un tiempo, la chelista se embarcó en nuevas tareas como una forma de solucionar el problema sin obsesionarse con él. Para una persona que se define por momentos como una perfeccionista declarada, la terapia parece ir casi en contra de cualquiera de sus intuiciones. El tratamiento, si se le puede llamar de esa forma, funcionó.
 
A pesar de que estudió durante dos años una partitura clásica, Segev es una intérprete que igual se siente cómoda en el mundo de la música contemporánea. En 2013 estuvo en Bogotá interpretando el concierto para violonchelo de Avner Dorman, una obra que fue escrita por ella y cuyo debut (que se realizó también en otras ciudades) le representó retos similares a las piezas de Bach: la ausencia de una historia de interpretación en una obra realmente abre todo un rango de oportunidades para innovar y proponer partiendo de una partitura virgen. Una parte más del entrenamiento de la voz interior, quizá. Segev, israelí, estudió formalmente en Estados Unidos, en la Juilliard School, así como en Yale, después de recibir una recomendación de Isaac Stern. Tenía 16 años y tocaba el chelo desde los cinco, luego de escuchar en radio una grabación de Paul Tortellier, quien interpretaba las suites de Bach. A los ocho, admite con humor, dejó de tocar durante casi un año, luego de sufrir una "crisis de la mitad de la vida".

Su debut lo realizó a los 17 años en las orquestas filarmónicas de Berlín e Israel, bajo la dirección de Zubin Mehta. Desde entonces ha participado como solista en una variedad de instituciones, que incluyen la Sinfónica de Pittsburgh y Bangkok, la Filarmónica deHelsinki, Dortmund y Bogotá, así como la OrquestaNacional de Lyon. En 2009 cofundó el trío Amerigo, junto con Glenn Dicterow y Karen Dreyfus.
 
El Pentagrama de El Espectador
* SANTIAGO LA ROTTA

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