MENÚ

Carta del director

Nos encontramos en París a principios del siglo XX y en Francia se vive un clima vivaz y exaltante. Se trata de los años que llevan a la cima la potencia de una nación donde el progreso científico y material, la sensibilidad artística y cultural y la educación cívica se unen para dar vida a resultados originales y concretos. París es la hermosa capital, llena de aire, luz y espacio con sus bulevares, sus tiendas y cafés. Ninguna otra ciudad como esta es el centro de procesos y movimientos culturales tan significativos.

 

Desde el punto de vista musical, en París ocurre todo. Los eventos más importantes en la música europea encuentran en ella su teatro ideal. Este fue el caso del estreno de Peleas y Melisande de Debussy (1902), de la dirección de Salomé a cargo de Strauss (1907), de la dirección de Mahler de su Sinfonía n.o 2 (1910), del estreno de La hora española de Ravel (1911) y de la Consagración de la Primavera de Stravinsky (1913), así como de las temporadas de los Ballets rusos de Diaghilev.

 

Las instituciones musicales son muchas: Théâtre National de Opéra, Opéra-Comique, La Société des Concerts du Conservatoire, los Concert Colonne, los Concerts Lamoureux, el Conservatoire, la Société Nationale de Musique, la Schola Cantorum. Los periódicos y la prensa acompañan de manera activa la vida musical de la ciudad. Desde Temps hasta Le Figaro, desde Le Journal hasta Le Matin, presentan una columna relativa a la música; mientras que Le Ménestrel, Le Courrier Musical, Le Monde Musical, Musica, La Revue Musicale y Le Mercure Musical son revistas especializadas en el tema.

 

Salones, cafés y librerías son el escenario de conciertos diversos, donde a menudo la música convive con otras artes: poesía, pintura, teatro, literatura. En un contexto tan creativo, la música francesa encuentra las condiciones ideales para tomar caminos innovadores y originales que se convertirán en importantes contribuciones para la evolución del lenguaje musical del siglo XX. En primer lugar, Debussy y Ravel, dos pilares de esta época, pero también Roussel, Chasson, Caplet, Franck, Satie, Hann, Saint-Saëns, etc. Cada uno de ellos con su propia poética y lenguaje contribuye para que este momento sea único.

 

La XI edición del Cartagena Festival Internacional de Música rinde homenaje a este momento excepcional de la cultura musical francesa. Y, como es tradición, lo hace escogiendo los programas que expresen la riqueza del periodo interpretados por artistas especializados en la ejecución de dichos repertorios. Es el caso de Les Siècles,dirigida por François-Xavier Roth,de Jean-Yves Thibaudet, Gautier Capuçon, Jean-Efflam Bavouzet, Juliette Hurel, Emmanuel Ceysson, Quatuor Voce y Richard Galliano, entre otros. De igual prestigio es la serie latinoamericana, que este año se enfocará en la influencia de la música francesa en algunas de sus tendencias. Entre los intérpretes encontramos al Cuarteto Latinoamericano, el Quinteto Villa-Lobos, Renato Borghetti y muchos más.

 

A través de esta temática queremos contribuir a la agenda de cooperación bilateral conocida como el “Año Colombia-Francia 2017”. Extendemos un reconocimiento al Instituto Francés y al Ministerio de Cultura de Colombia por su colaboración con nuestro programa y auguramos éxito a la importante iniciativa bilateral que han emprendido.   



Un par de palabras acerca de Las bodas de Fígaro de Mozart, un proyecto especial de esta edición. Se trata de una ambiciosa coproducción con el Spoleto Festival dei 2Mondi (Italia) que reúne artistas italianos y colombianos en una representación refinada y de gran proyección. Escenografía, trajes, decoración, utilizados en la primera puesta en escena de esta ópera en junio pasado en Spoleto, viajarán desde Italia hasta Cartagena. Todo esto hace parte de un compromiso excepcional que esperamos sea del agrado del público colombiano y extranjero y de buen auspicio para la proyección internacional del Cartagena Festival.